13.11.12

El silencio como virtud a alcanzar...

"El mejor adorno de una mujer lo constituye el silencio y la modestia"  
(Simone de Beauvoir)

Las mujeres que nos asumimos como Machista somos plenamente concientes de que invariable e inevitablemente somos inferiores a nuestro Hombre y a los Hombres en general. Esto implica que nos reconocemos como personas con una gran cantidad de defectos. Esto no quiere decir que sea algo que deba amargarnos, sino todo lo contrario. Es un aliciente permanente para esforzarnos en la superación de esas fallas de carácter o de actitud y aptitud que nosotras mismas reconocemos o que nuestro Hombre nos señala. Cuánto más nos esmeremos en perfeccionarnos como mujeres, más reconocimiento recibiremos de parte de nuestro Hombre. Esa sola cuestión nos debería bastar para no escatimar esfuerzos e imaginación para alcanzar la meta, aunque sepamos íntimamente que nuestra innata incapacidad nos impedirá llegar a la perfección tan anhelada.

Pero para poder caminar sobre seguro y no sentirnos perdidas en un mar de dudas, siempre deberemos estar muy atentas a todo lo que nuestro Hombre nos diga, aunque sea en comentarios que pueden ser o parecer casuales. Él, conciente o inconcientemente, nos irá marcando las pautas precisas para que nosotras actuemos y trabajemos en nuestras fallas. Sin embargo hay algunas cosas que todas sabemos de sobra y que sin que nadie nos lo diga, debemos corregir. Una de ellas, quizás la más común, sea la de que somos propensas a hablar mucho y generalmente sin demasiado sentido. Además solemos hacerlo en los momentos más inoportunos.

Pero no solamente podemos molestar y hasta poner de mal humor a nuestro Hombre hablando constantemente, molestándolo con tonterías que perfectamente podríamos guardarnos para nosotras mismas o para comentar con amigas. Otro punto muy importante para preservar la tranquilidad de nuestro Esposo y para que se sienta a gusto durante su permanencia en el hogar es que mientras desarrollemos nuestras tareas, lo hagamos con cuidado y delicadeza para evitar producir ruidos exagerados, que dependiendo de las circunstancias, pueden ser tanto o más molestos que nuestro parloteo.

Todo esto nos lleva al punto que quería tratar hoy: el silencio.

Nuestra actividad en la casa debe ser siempre discreta, en especial durante el tiempo que nuestro Esposo esté allí. No es conveniente ni justo que lo molestemos mientras Él nos regala su compañía en el hogar con ruidos molestos o que estemos interrumpiéndole constantemente para decirle tal o cual cosa. Sus actividades, aunque sólo sea un instante de descanso o de ocio, debe poder desarrollarlas con la mayor tranquilidad. Es por esto que el aspecto quizás más importante sea mantenernos en el mayor silencio posible, por lo que debemos aprender a controlar nuestra habitual y molesta verborragia y trabajar sin hacer ruidos innecesarios ni exagerados.

Respecto al tema de nuestra manía de hablar constantemente, podemos encontrarnos como mínimo con dos tipos diferentes de Hombres: Aquellos que nos permitirán hablar con Él de todas las cuestiones, aunque sin exagerar y siempre y cuando no lo interrumpamos en algo que necesite de su total atención y concentración. Y aquel tipo de Hombre que no desea que hablemos en absoluto y que sólo lo hagamos cuando Él lo permita. Siempre que debamos decirle algo importante (eso es algo que debemos aprender a evaluar por nosotras mismas a través del conocimiento paulatino de nuestro Hombre), deberemos presentarnos ante Él discretamente y solicitarle con sumo respeto que nos permita decirle algo. Sólo podremos hablar si Él lo autoriza, aunque realmente sea algo importante lo que querramos decirle. Si no nos lo permite en esa ocasión, ya tendremos otra oportunidad en otro momento del día para pedirle nuevamente autorización para hablar con Él (la paciencia es otra gran virtud de la mujer Machista, dicho sea de paso)

Podría agregarse una tercera posibilidad de Hombre: Aquel que hace un mix de estas dos posturas planteadas. En ese caso, seguramente dependerá del humor con que el Hombre esté en ese día, el cual puede variar a causa de sus preocupaciones, de sus ocupaciones o porque simplemente se ha levantado de mal humor. Deberemos aprender a captar cómo está nuestro Hombre apenas despertamos, para no tener malas experiencias y sobre todo, para evitar que nuestro Esposo deba distraerse de sus importantes pensamientos para reprendernos.

Sabiendo que el exceso verbal es un defecto es innato en prácticamente todas las mujeres, será para nosotras todo un desafío (y un desafío constante) no molestar u ofender a nuestro Hombre con nuestro palabrerío, inclusive sin querer... Pero el hecho de reprimir este impulso natural de comunicarnos hasta en exceso, seguramente producirá en muchas de nosotras cierto sentimiento de frustración o de ansiedad. Pero debemos tener en cuenta que es solamente en las horas en que nuestro Esposo está en la casa. Durante el resto del día tendremos oportunidad de conversar con amistades o familiares, siempre y cuando no descuidemos por ello nuestras obligaciones en el hogar.

No se trata de reprimir nuestra naturaleza femenina, pues a pesar de nuestras falencias como tales, es lo que paradójicamente nos hace atractivas al Hombre. De lo que sí se trata es de corregir o morigerar aquellas fallas que pueden causar malestias en nuestro Hombre y que además, como ya dije recién, podemos canalizar con otras personas en el momento adecuado.

Debemos recordar siempre que no es bueno hacernos notar hasta que nuestro Esposo desee algo de nosotras. La discreción es siempre una de las mayores virtudes que debemos cultivar y el silencio respetuoso es parte importantísima de ella.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

 


top