16.11.12

Sexualidad de la mujer Machista. Algunos detalles...


La mayoría de las mujeres nos sentimos felices de serlo, nos gusta, nos encanta y reivindicamos nuestra femineidad. Digo "la mayoría" porque nunca me animo a abarcar en un concepto a la totalidad de cualquier grupo humano. Sin embargo, cada una de nosotras tiene su propia visión de lo femenino, de cómo vivirlo, desplegarlo y mostrarlo. De cómo comportarse, en especial frente a su contraparte, lo Masculino.

Por esto es que yo daré mi personal opinión en este aspecto, como en todo lo que podrán encontrar en este blog. Me animo a pensar que todas las mujeres, en lo más profundo de nosotras mismas, tenemos un fuerte componente de sumisión ante el Hombre. Algunas lo asumimos desde lo conciente y lo practicamos abiertamente, con placer, y por qué no... con orgullo.

Me dirán que la mujer ya no es aquella que aceptaba la autoridad del Hombre sin resistirse, que dejó de ser la sirvienta de hace 50 o 100 años atrás, que la mujer de hoy tiene criterio propio y decide qué hacer con su vida y con su cuerpo y no necesita tener la aceptación del Hombre. Esto es lo que podemos ver en la superficie, pero en la conciencia profunda de las mujeres pervive la verdadera naturaleza que heredamos desde que la raza humana dio su primer paso sobre la Tierra. Sólo tenemos que admitirlo, sólo es cuestión de ser sinceras con nosotras mismas y con los demás y sin renunciar a muchos de los avances que hemos tenido en muchos sentidos, aceptemos que por más que nos esforcemos y que intentemos demostrar lo contrario, tarde o temprano terminamos entregándonos a un Hombre para que nos proteja, nos dé contención y en definitiva, nos guíe e inclusive que nos diga qué es lo que tenemos que hacer en casi todos los órdenes de nuestra vida. Como decía el gran escritor ruso, Fiódor Dostoievsky (que pueden ver en la columna de la derecha), "La vida de toda mujer, a pesar de lo que ella diga, no es más que un continuo deseo de encontrar a quien someterse." Por eso creo que lo peor que podemos hacer es ir contra nuestra propia naturaleza y engañarnos a nosotras mismas. No sólo terminará siendo perjudicial para la relación Hombre - mujer, sino que será dañino para nuestra propia salud física y emocional.

Con el correr de los días intentaré dar mis personales puntos de vista de cómo debemos actuar en las diferentes facetas de nuestra vida y muy especialmente en la vida en común con un Hombre. Pero en este momento quiero referirme a cómo creo conveniente y necesario que sea nuestra actitud respecto a la sexualidad, que abarca tanto la seducción como el acto sexual propiamente dicho. Lo que hoy diga no significa que sea lo último que hable del tema, sino más bien un primer enfoque a modo de introducción, porque el sexo en pareja es demasiado importante y amplio como para pretender abarcarlo en un sólo intento.

El sexo en la pareja o el matrimonio puede ser complicado, pero sencillo a la vez. Lo que no debemos perder nunca de vista en este aspecto y en todos los demás de nuestra vida de mujeres, es que por nuestra misma naturaleza tenemos predisposición a ser pasivas, receptivas y dependientes (y no hablo de lo meramente económico, que en los últimos tiempos vemos que hay mujeres que hasta pueden sostenerse a sí mismas y a sus hijos).


En primer lugar debemos ser plenamente concientes de que siempre, en todo momento y ocasión, será necesario que estemos dispuestas y disponibles para nuestro Hombre. No importa si no tenemos deseos en ese momento o si estamos cansadas u ocupadas con las tareas de la casa, etc. No existen excusas válidas para retacear el derecho natural del Hombre a tener acceso a nuestro cuerpo cuando Él lo desee.

Siempre debemos cuidar nuestro aspecto para resultar agradables y deseables a nuestro Hombre. Aún en los horarios en que Él no se encuentre en la casa. Nunca podemos saber si por alguna circunstancia deba adelantar su regreso al Hogar. Cuando estamos haciendo nuestras tareas hogareñas debemos detenernos de tanto en tanto para componer nuestro vestido y retocar nuestro cabello y maquillaje. También debemos tener cuidado con nuestras manos y uñas. Para eso siempre es conveniente hacer las tareas con guantes de látex.

Yo no soy de usar pantalones o jeans. Prefiero siempre vestidos o faldas, en lo posible amplias y con vuelo. Esto no sólo es más agradable a la vista del hombre y hace que más fácilmente tenga deseos de poseernos, sino que le permite a Él tener más fácil y rápido acceso a nuestro sexo. Un complemento imprescindible para animar al Hombre a poseernos son los zapatos de tacos altos. Cuanto más altos, mejor. Creo que es el fetiche que más fuerza tiene entre los Hombres.

Así como es imprescindible y necesario estar siempre dispuestas para nuestro Hombre, también debemos tener en claro que no es correcto ni deseable tener la iniciativa en el aspecto sexual. No debemos pedirle y mucho menos exigirle que nos haga el amor cuando a nosotras se nos ocurre o cuando tenemos más ganas de lo habitual. Siempre debemos esperar a que Él sea el que tome la iniciativa cuando decida o cuando desee poseernos. Recordemos siempre que somos receptivas, dependientes y sumisas, nunca demandantes.

También considero que es muy conveniente estar siempre muy atentas al estado de ánimo con que nuestro Hombre llega al Hogar luego de su día laborable. Si llega de buen humor, pues todo se facilita y no tendremos más que esperar a que Él decida en qué momento desea usarnos sexualmente... o no. En cambio, si Él llegua ofuscado o preocupado por su duro trabajo diario, tendremos que ser más serviciales y amorosas que de costumbre y ofrecernos muy discretamente. De manera muy coqueta, pero sin que Él imagine siquiera que intentamos presionarlo para tener sexo. Él sabrá apreciar nuestra disposición y humildad. Aún cuando no desee servirse de nosotras, nuestra preocupación por agradarle y servirle le cambiará el humor inmediatamente y sentirá el placer de haber regresado a su Hogar.

Ser muy sexys y estar siempre dispuestas pero de manera discreta y sumisa es lo más erotizante para nuestros Hombres. No lo olvidemos...


13.11.12

El silencio como virtud a alcanzar...

"El mejor adorno de una mujer lo constituye el silencio y la modestia"  
(Simone de Beauvoir)

Las mujeres que nos asumimos como Machista somos plenamente concientes de que invariable e inevitablemente somos inferiores a nuestro Hombre y a los Hombres en general. Esto implica que nos reconocemos como personas con una gran cantidad de defectos. Esto no quiere decir que sea algo que deba amargarnos, sino todo lo contrario. Es un aliciente permanente para esforzarnos en la superación de esas fallas de carácter o de actitud y aptitud que nosotras mismas reconocemos o que nuestro Hombre nos señala. Cuánto más nos esmeremos en perfeccionarnos como mujeres, más reconocimiento recibiremos de parte de nuestro Hombre. Esa sola cuestión nos debería bastar para no escatimar esfuerzos e imaginación para alcanzar la meta, aunque sepamos íntimamente que nuestra innata incapacidad nos impedirá llegar a la perfección tan anhelada.

Pero para poder caminar sobre seguro y no sentirnos perdidas en un mar de dudas, siempre deberemos estar muy atentas a todo lo que nuestro Hombre nos diga, aunque sea en comentarios que pueden ser o parecer casuales. Él, conciente o inconcientemente, nos irá marcando las pautas precisas para que nosotras actuemos y trabajemos en nuestras fallas. Sin embargo hay algunas cosas que todas sabemos de sobra y que sin que nadie nos lo diga, debemos corregir. Una de ellas, quizás la más común, sea la de que somos propensas a hablar mucho y generalmente sin demasiado sentido. Además solemos hacerlo en los momentos más inoportunos.

Pero no solamente podemos molestar y hasta poner de mal humor a nuestro Hombre hablando constantemente, molestándolo con tonterías que perfectamente podríamos guardarnos para nosotras mismas o para comentar con amigas. Otro punto muy importante para preservar la tranquilidad de nuestro Esposo y para que se sienta a gusto durante su permanencia en el hogar es que mientras desarrollemos nuestras tareas, lo hagamos con cuidado y delicadeza para evitar producir ruidos exagerados, que dependiendo de las circunstancias, pueden ser tanto o más molestos que nuestro parloteo.

Todo esto nos lleva al punto que quería tratar hoy: el silencio.

Nuestra actividad en la casa debe ser siempre discreta, en especial durante el tiempo que nuestro Esposo esté allí. No es conveniente ni justo que lo molestemos mientras Él nos regala su compañía en el hogar con ruidos molestos o que estemos interrumpiéndole constantemente para decirle tal o cual cosa. Sus actividades, aunque sólo sea un instante de descanso o de ocio, debe poder desarrollarlas con la mayor tranquilidad. Es por esto que el aspecto quizás más importante sea mantenernos en el mayor silencio posible, por lo que debemos aprender a controlar nuestra habitual y molesta verborragia y trabajar sin hacer ruidos innecesarios ni exagerados.

Respecto al tema de nuestra manía de hablar constantemente, podemos encontrarnos como mínimo con dos tipos diferentes de Hombres: Aquellos que nos permitirán hablar con Él de todas las cuestiones, aunque sin exagerar y siempre y cuando no lo interrumpamos en algo que necesite de su total atención y concentración. Y aquel tipo de Hombre que no desea que hablemos en absoluto y que sólo lo hagamos cuando Él lo permita. Siempre que debamos decirle algo importante (eso es algo que debemos aprender a evaluar por nosotras mismas a través del conocimiento paulatino de nuestro Hombre), deberemos presentarnos ante Él discretamente y solicitarle con sumo respeto que nos permita decirle algo. Sólo podremos hablar si Él lo autoriza, aunque realmente sea algo importante lo que querramos decirle. Si no nos lo permite en esa ocasión, ya tendremos otra oportunidad en otro momento del día para pedirle nuevamente autorización para hablar con Él (la paciencia es otra gran virtud de la mujer Machista, dicho sea de paso)

Podría agregarse una tercera posibilidad de Hombre: Aquel que hace un mix de estas dos posturas planteadas. En ese caso, seguramente dependerá del humor con que el Hombre esté en ese día, el cual puede variar a causa de sus preocupaciones, de sus ocupaciones o porque simplemente se ha levantado de mal humor. Deberemos aprender a captar cómo está nuestro Hombre apenas despertamos, para no tener malas experiencias y sobre todo, para evitar que nuestro Esposo deba distraerse de sus importantes pensamientos para reprendernos.

Sabiendo que el exceso verbal es un defecto es innato en prácticamente todas las mujeres, será para nosotras todo un desafío (y un desafío constante) no molestar u ofender a nuestro Hombre con nuestro palabrerío, inclusive sin querer... Pero el hecho de reprimir este impulso natural de comunicarnos hasta en exceso, seguramente producirá en muchas de nosotras cierto sentimiento de frustración o de ansiedad. Pero debemos tener en cuenta que es solamente en las horas en que nuestro Esposo está en la casa. Durante el resto del día tendremos oportunidad de conversar con amistades o familiares, siempre y cuando no descuidemos por ello nuestras obligaciones en el hogar.

No se trata de reprimir nuestra naturaleza femenina, pues a pesar de nuestras falencias como tales, es lo que paradójicamente nos hace atractivas al Hombre. De lo que sí se trata es de corregir o morigerar aquellas fallas que pueden causar malestias en nuestro Hombre y que además, como ya dije recién, podemos canalizar con otras personas en el momento adecuado.

Debemos recordar siempre que no es bueno hacernos notar hasta que nuestro Esposo desee algo de nosotras. La discreción es siempre una de las mayores virtudes que debemos cultivar y el silencio respetuoso es parte importantísima de ella.


 


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