18.11.12

Machismo no es misoginia...



Con mucha alegría y placer les dejo hoy el valioso aporte que tan generosamente me ha hecho llegar el Señor Senix Saulo sobre un tema sumamente importante para todas aquellas personas que por desconocimiento o por no poder interpretar correctamente lo que aquí se pretende difundir, puedan confundir Machismo con misoginia.



Muchas personas han tendido a confundir el Machismo con la misoginia.

El primero se refiere a la supremacía del Hombre sobre la mujer y al derecho del Varón de dominar, someter, guiar y dirigir a la hembra. El Hombre manda y la mujer obedece como resultado de un orden que se considera normal y natural y cuyo orígen es milenario. Hombres y mujeres que se declaran en favor del Machismo, de este órden tradicional, consideran que la forma adecuada de relación entre Varón y hembra es la Dominación masculina y la sumisión femenina y que dicho órden traerá felicidad tanto a unos como a otras. En este órden social Machista se considera que el Hombre es el líder de la relación, que él manda, dirige, señala el rumbo, y en su caso, de ser necesario, aplica castigos y ejerce la disciplina sobre la mujer y los hijos (as). Pero la finalidad no es usar la violencia física o psicológica de manera desmedida y descontrolada, vale decir abusiva. No se trata de mantener unida a la pareja o familia a través del miedo.

Un Macho sí ejerce, efectivamente, su autoridad con virilidad y firmeza, y sí ejerce también su dominio de manera incuestionable, pero no busca dañar o destruir su más preciado bien y propiedad que es su mujer. Quiere más bien amoldarla, para que ella responda adecuadamente a sus deseos y necesidades sexuales y de cualquier otro tipo, con prontitud, buenos modos y amorosamente. No hay odio ni a su mujer ni a cualquier otra hembra. Y en eso se diferencia del misógino. Para este último, la mujer es un ser despreciable sin valor alguno, que puede y debe ser maltratado aún a costa de causarle daño físico y psicológico. El misógino ve a la mujer con odio y resentimiento. No ve en ella a una compañera que lo ayude y acompañe, sino a un ser que si por él fuera, no debía ni de existir. Por lo tanto, no tiene ningún problema en abusar, vejar y maltratar sin motivo alguno a la mujer, sin que ella lo haya realmente provocado. Frente a este tipo de personas misóginas, Hombres y mujeres deben tomar las precauciones debidas para evitar causar una verdadera desgracia. Un Macho siempre estará dispuesto a proteger a su(s) hembras(s) y a cuidarlas, pues aunque las reconozca inferiores a él, sabe que son un apoyo invaluable para Él. Porque las sabe seres inferiores precisamente las domina, pero también las cuida. El Macho conoce las debilidades de su hembra y las aprovecha a su favor, pero también cuida a la hembra de esas mismas debilidades que son propias de su condición femenina. Entonces, la mujer puede apoyarse en su Macho pues sabe que aunque a veces la castigará y disciplinará, Él lo que busca es que ella sea la mejor mujer posible. Y si a veces el trato será rudo y áspero, también podrá ser suave, amable, amoroso y reconfortante para ella.

El Macho no intenta destruir a la mujer, no quiere vengarse de ella. El misógino sí.

Senix Saulo

9.11.12

¿"Liberación femenina"?



Además de lo que he expresado en la PRESENTACIÓN DEL BLOG, quiero comenzar a plantear mis primeras ideas respecto a lo que considero correcto e imprescindible recuperar y mantener en lo referente a la relación Hombre / mujer en la pareja y en la sociedad.

Lo que la Naturaleza ha ordenado sabiamente de determinada manera y lo que la historia de la humanidad y su cultura milenaria nos ha dejado como mandato en nuestros genes, hoy se ve alterado por cuestiones que nada tienen que ver con los sentimientos, con las sanas relaciones interpersonales y ni siquiera con los íntimos intereses y deseos de ambos sexos.

Las mujeres permanentemente estamos siendo bombardeadas por múltiples mensajes contradictorios. Esto, a mi juicio, se ha incrementado notablemente durante las últimas décadas haciéndonos perder la brújula y mostrándonos una supuesta verdad que no es tal. Pero además estos mensajes han tenido repercusiones negativas también entre los Hombres.

La "liberación femenina" no ha sido otra cosa que un espejismo que tuvo el principal impulsor en meros intereses económicos y comerciales. Desde que se comenzó a ver a la mujer como una interesante fuente de ingresos para la industria de muchos ramos diferentes, o como mano de obra más barata, empezó a propagarse la idea de que la mujer tenía derecho a decidir por sí misma. La consecuencia lógica de esta falaz liberación fue el retroceso de los naturales derechos del Hombre. Los propios Hombres comenzaron a creer en ese mensaje interesado e irreal. Ayudaron mucho también las recurrentes y cada vez más graves crisis económicas, que impulsó a muchas mujeres a abandonar su espacio natural y casi exclusivo del hogar, para salir a trabajar porque sus Esposos perdían sus empleos.

Si bien estas condiciones que iniciaron el camino equivocado de Hombres y mujeres aún continúan y parecieran incrementarse día a día, yo pretendo mantener una pequeña llama encendida para la vuelta de las mujeres al lugar del que nunca debimos haber salido: nuestro hogar y el cuidado amoroso de nuestros Hombres y nuestros hijos.

Uno de los aspectos que más se han visto alterados durante los últimos años es el referido a lo sexual propiamente dicho. Y por lo tanto, al papel de ambos miembros de la pareja, a los roles que le caben a cada uno. Hoy no se tiene todo lo claro que es necesario y deseable quién de la pareja tiene o debe tener la iniciativa y el poder de decisión. Se habla del derecho conquistado por las mujeres de reclamar por su propios gustos, por sus tiempos y por la satisfacción de sus deseos cuando ella lo quiera y no cuando el Hombre lo necesite. Esto arrastra un sinnúmero de alteraciones y deformaciones en el rol de cada miembro de la pareja.

A mi juicio se debe intentar volver al orden que históricamente han regido los equilibrios dentro de un hogar, de cualquier pareja y de todas las sociedades. La mujer jamás se podrá terminar de adaptar a tener los mismos derechos que el Hombre. Porque es el Hombre el que tiene un panorama mucho más amplio y correcto del mundo y del funcionamiento de la sociedad, las relaciones y de la propia familia. Es más concreto y certero en sus juicios y por lo tanto, es quien debe ser reconocido y aceptado como cabeza de la familia. Y esa simple verdad lo hace poseedor del derecho a reclamar el lugar preponderante y de decisión en la familia y, por lo tanto, también los favores de la mujer cuando Él lo desee o determine que es conveniente y necesario para la salud de ambos... y la mujer debe aceptar y acatar el mandato Masculino. Es lo que la naturaleza y la historia nos impone a Hombres y mujeres. La mujer debe estar siempre bonita y atractiva, pero nunca es conveniente ni recomendable que asuma una postura provocativa para inducir al Hombre a que la satisfaga sexualmente cuando ella lo quiera. Debe estar muy bien arreglada y apetecible pero sólo para el momento en que el Hombre desee satisfacer sus necesidades o quiera premiar a su esposa. Es el Hombre quien carga con el mayor peso de las responsabilidades dentro y fuera del hogar para su mantenimiento y cohesión, por lo que lo hace merecedor indiscutible de este derecho.

A este punto es que anhelo que se retorne. Será un camino muy largo y muchas veces tortuoso, pero sin dudas es imprescindible comenzar a recorrerlo cuanto antes. Hoy en día se identifica al Machismo como sinónimo de violencia de género, prepotencia, malostratos y hasta femicidios. Yo digo que no, que no es así. El Hombre que comete estos actos repudiables en todo sentido, no es Machista... es simple y llanamente un misógino, alguien que odia a las mujeres y que no concibe otra forma de relacionarse con nosotras sino a través de la violencia extrema. El verdadero Macho es aquel que impone su autoridad y reclama sus legítimos derechos, pero que siempre protege y cuida a su mujer y la estimula a ser mejor cada día. Siempre con amor y respeto, aún en los momentos en que se vea forzado a corregirla por sus inevitables y habituales errores.
 


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